martes, 23 de junio de 2015

LEYENDA EL FANTASMA DE EL PARAÍSO



El Fantasma de El Paraíso
La maldición del fantasma de la quebrada
Por la ciudad de El Paraíso, zona oriental de Honduras, pasaba una quebrada de aguas limpias y cristalinas. Algunas mujeres iban a lavar ropa a ese lugar, llevaban a sus hijos y eran acompañadas por sus esposos, ya que aprovechaban la ocasión para hacer comida y disfrutar de aquel paraje encantador.

Había ahí una casa abandonada, no tenía puertas ni ventanas y los niños la utilizaban para jugar, hasta que un día sucedió algo que marcó para siempre el lugar. Se cuenta que cinco niños hijos de diferentes madres jugaban dentro de la casa cuando apareció un hombre con un machete en la mano que les gritó: “¡Váyanse de aquí! ¡Ya estoy cansado de que vengan a mi casa”.

Los niños avisaron a sus mamás de lo ocurrido y de inmediato los hombres y las mujeres que estaban en la quebrada corrieron y rodearon la casa para atrapar al que había amenazado a los pequeños, pero no encontraron a nadie, sin embargo, en una de las viejas paredes habían escrito: “¡Váyanse de aquí!”.

De ahí en adelante los hombres llegaban armados acompañando a sus esposas, se había comentado que algún gracioso del lugar les había jugado una broma porque nadie vio nada. Pasaron los días y una señora llamada Justina tendió la ropa que había lavado sobre unas piedras donde pegaba el sol, poco después le gritaba a las otras personas que ahí se encontraban:
-Hey, dejen de bromear, ¿quién puso mi ropa en las ramas de ese roble? Eso no se hace.

Unos cipotes subieron al árbol y bajaron las ropa creyendo que ahí terminaba todo, pero no fue así. Acababa de colocar la ropa doña Justina sobre las mismas piedras cuando se dio vuelta y vio con asombro que la ropa estaba llena de estiércol de vaca:
-¡Virgen Santísima! Yo me voy de aquí. Esto es cosa del diablo, ayyy... aquí están asustando.

Las otras mujeres también salieron corriendo con sus maridos, sintiendo que les lanzaban piedras desde el monte.
La noticia del fantasma corrió como pólvora y desde aquella alarmante situación la gente dejó de ir a la quebrada. Un mes después varios adolescentes que sabían de lo sucedido se armaron con rifles 22 y pistolas.

-Esas mujeres son unas escandalosas, vamos a ver si agarramos al chistoso que las asusta.
Eran las once de la mañana cuando llegaron a la casa abandonada, luego hicieron un recorrido por la quebrada y al no encontrar nada regresaron a la casa. Destaparon un litro de guaro y comenzaron a repartirse tragos, poco a poco se fueron tomando el contenido de aquella botella y medio mareados comentaban:

-Eso del fantasma son puras papadas, alguno de esos viejos venía con las mujeres aquí a hacer sus conseguidas, por eso las corrió haciéndose pasar por fantasma.

-Miren lo que escribió ahí -dijo otro- “¡Váyanse de aquí!”, ja, ja, ja, ja. Ese jodido se las sabe todas.
-Hagamos una cosa, voy a ir a poner esa botella vacía sobre aquella piedra y desde aquí la agarramos como blanco, así no venimos de balde, le podemos disparar desde esta ventana. ¿Qué dicen?
Todos aprobaron la idea, una vez colocado el blanco el mayor de los muchachos dijo:
-Ya van a ver, en el mero centro le voy a pegar.

Antes de que hiciera el disparo hubo una observación: -Hey, ¡miren sobre la pared!
Todos se pusieron nerviosos cuando vieron que alguien había escrito con sangre “¡Váyanse de aquí!”.
La sangre aún chorreaba por la pared.

Ni cuenta se dieron de a qué horas habían salido del monte, cada quien agarró para su casa y no volvieron a hablar del asunto. De nuevo el pánico reinó cuando se corrió la voz de lo sucedido en la vieja casa con los jóvenes que se atrevieron a desafiar al fantasma. Una señora nicaragüense que había llegado a El Paraíso en la temporada del corte de café puso mucha atención a lo que se comentaba en un comedor donde ella almorzaba.
La acompañaba su marido, un hombre flaco que fumaba hasta por los codos.

-¿Oíste Roger? Hay un fantasma en una casa abandonada, anda averiguá dónde queda eso y me venís a decir.
-Esta bien, Marina -dijo Roger- ya sé lo que estás pensando.
Media hora más tarde Roger y su mujer bajaban a la quebrada, eran las cinco de la tarde, los zanates y los zorzales buscaban las ramas de los árboles para pasar la noche. Al llegar a la casa la mujer llamada Marina sacó una cuerda de San Francisco, una cruz grande de madera, un rosario y agua bendita. Comenzó a rociar las paredes de agua bendita.
-Esta casa fue construida por la voluntad de Dios para que en ella vivieran los vivos y no los muertos.
Reprendo todas las maquinaciones del diablo, nunca más saldrán fantasmas, demonios o almas en pena. Si hay algo escondido en esta casa, ordeno a quien sea que lo revele.

La mujer hizo una pausa y entre sombras apareció la figura de un hombre con un machete en la mano, con una voz de ultratumba y dijo:
-Yo maté en esta casa a Justo García por robarle su dinero, dinero que está enterrado en medio de la casa.
Nunca lo disfruté porque el hijo mayor de Justo me mató el mismo día. La casa quedó abandonada y yo estoy penando por ese dinero.
Marina agarró la cuerda de San Francisco y golpeó al difunto, luego, colocando la cruz le dijo:
- Ya has sido castigado, tu alma y la de don Justo van a descansar en paz.
Cuentan los ancianos del lugar que doña Marina utilizó el dinero para celebrar misas por las almas de la víctima y del asesino. El sacerdote contó la historia en la iglesia, dijo que Dios había mandado a aquella mujer para quitar la maldición del fantasma de la quebrada.

RECOPILADO POR:
1.      IZI ABIGAIL RODRÍGUEZ 
2.    XIOMARA CAROLINA PALMA

LEYENDA LA SUCIA



La Sucia
La gente abrió las puertas y José pasó como alma que lleva el diablo hasta perderse en la oscuridad. Lo encontraron con la mirada perdida...
LA Ciguanaba es una mujer que sale casi desvestida a la orilla del río. También se le conoce con el nombre de la Sucia en todo el país. Esta mujer ha enloquecido durante muchos años a miles de hombres y especialmente a los enamorados. Hay quien afirma que la Sucia le salió columpiándose en unos bejucos en lo más espeso de la montaña o que la vieron corriendo en medio de una milpa. No toda la gente la conoce como Ciguanaba o la Sucia. También la llaman la Cegua en algunos pueblos del norte del país, como Trujillo, La Ceiba, Puerto Lempira y Omoa.

La gente que vive a la orilla del mar asegura que la Cegua se pasea por las playas en las noches de luna en busca de algún enamorado. La Cegua, decía el Negro Güity, es una mujer de cuerpo bellísimo, caderas cimbreantes como palo de coco. Su pelo negro, liso y largo brilla mucho... La vi una vez, señor Montenegro. Ahí por donde ve esas champas pasó la Cegua. Me entró un miedo que hasta me oriné en los pantalones. Viera qué jodida me llevé. Por suerte no le vi la cara porque ahí nomás me cago.

Las ánimas es un pueblo pintoresco en la jurisdicción de Danlí, departamento de El Paraíso.
Por el sitio donde está, da la impresión de que quien le puso ese nombre sabía lo que estaba diciendo. Hace muchos años, la carretera era angosta y peligrosa, a tal grado que quienes viajaban por la zona decían que les parecía estar bajando al mismísimo infierno. José García, vecino de Tegucigalpa, se dedicaba a la venta de pañuelos, perfumes, ganchos, prendedores, toallas, cobijas y otros artículos. Recorría todos los pueblos del país para ganarse la vida de esa forma.

Le informaron que en Las ánimas había mucha gente que podía comprar sus productos y, sin pensarlo dos veces, se subió en una baronesa, el único medio de transporte en aquellos tiempos, con la esperanza de hacer buenos negocios en aquel lugar. A la mitad del camino se había arrepentido de hacer el viaje. Llevaba el estómago revuelto por los grandes saltos de la baronesa. Con tanto polvo que cubría su cuerpo, parecía ratón de panadería.

Al fin llegaron a Las ánimas. La gente corrió a encontrar a los pasajeros reclamando los encargos y José comprendió que no había por qué arrepentirse de haber viajado a Las ánimas.
Consiguió alojamiento con facilidad y al llegar la tarde anduvo vendiendo de casa en casa. Estaba a punto de terminar la mercadería cuando se le ocurrió tocar la puerta de una casa.
Salió a abrirle una muchacha de 18 años que le causó una tremenda impresión: inolvidable, jamás en su vida había visto a una mujer tan bella. La joven lo hizo pasar adelante sin dejar de regalarle su bella sonrisa. José se puso tartamudo cuando comenzó a mostrarle parte de la mercadería que le había quedado.

Disculpe mi to… tor… peza… este… digo… yo… pues… ¿cómo se llama usted? La bella joven, sin perder su agradable sonrisa, contestó: Me llamo Amparo, y usted ¿cómo se llama? José le dio su nombre y después de aquella presentación quedó perdidamente enamorado de Amparo. Le regaló un perfume, una toalla y unos aretes, se despidió nerviosamente y le prometió que regresaría la siguiente semana con mejores artículos.

Al despedirse, ella le apretó coquetonamente la mano diciéndole adiós. Inmediatamente, el vendedor pensó: “Si no me la consigo es que soy papo”. Llegó la noche y José se dedicó a recorrer las calles amplias de aquel pueblo llamado Las ánimas. En una esquina entabló conversación con unos jóvenes que hablaban de mujeres.

José les contó algunas de sus experiencias amorosas, dejando con la boca abierta a sus interlocutores. “Usted sí es un hombre de mundo por lo que nos cuenta. Díganos, ¿cuesta mucho conseguir a una mujer en la ciudad?. José, como un experimentado galán, respondió: A veces. Lo esencial es tener verbo, saber hablar. Ya me ven aquí medio feo, pero les aseguro que he conseguido más mujeres que los hombres guapos.

Pero ustedes son dejados porque hoy conocí a una muchacha que se llama Amparo, que vive allá, en aquella casa. Mmm... qué mujer más linda y nadie se la tira.

Los muchachos se rieron. Es que es una creída. No tarda en salir a dar una vuelta sólo para picarnos. Es pícara, coqueta, pero como nadie se atreve a hablarle. Con aquellas palabras, José pensó que si ella salía tendría la oportunidad de decirle lo que ya sentía su corazón.

Se despidió del grupo y cautelosamente buscó las sombras. Se paró en una esquina esperando que Amparo saliera. No tuvo que esperar mucho. En ese momento la joven pasó cerca de él con su hermoso pelo extendido. José no se pudo contener y al caminar detrás de ella le gritó: ¡Amparo, Amparito! No camine tan rápido. Sshhhh. Espéreme. Salieron del pueblo y José no se dio cuenta. Le interesaba más que la mujer lo esperara que averiguar si estaban o no en las últimas casas. Ella se desvió a la derecha, seguida por su enamorado. José corrió hasta darle alcance y agarrándola del pelo exclamó: “¡Es mucha papada la suya, Amparito, con los hombres no se juega!

Al hacer que ella se diera la vuelta, casi se desmaya del susto. No era Amparito, como él creía. Era una mujer horrible con el pecho descubierto. El espanto lanzó una terrible carcajada que resonó en las montañas, haciendo huir a los animales nocturnos “¿Quieres una mujer? Aquí estoy, desgraciado, toma tu teta… toma tu teta que soy tu nana, ja, ja, ja, ja, ja. José, al verse perseguido por la monstruosa mujer, lanzó un grito aterrador que fue escuchado por todos los habitantes de Las ánimas.

La gente abrió las puertas y José pasó como alma que lleva el diablo hasta perderse en la oscuridad. Lo encontraron con la mirada perdida. Un doctor en Danlí lo asistió. No cabe la menor duda de que le salió la Sucia, como ha sucedido con otros enamorados. 

RECOPILADO POR:
1.       IZI ABIGAIL RODRÍGUEZ

PREPARACIÓN DE POLLO EN ARROZ DE MAIZ



Gallina en Arroz de Maíz


  •          1/2 kilo maíz cascado molido crudo

  •         2 pechugas de pollo grandes

  •         2 litros caldo pollo (8 tazas)

  •         2 ramas apio picado (2 tazas)

  •         Achiote 2 chiles dulces picados (2 tazas)

  •         2 cebollas grandes picadas

  •         2 cucharadas ajo picado

  •         2 rollos culantro coyote (2 tazas)

  •         2 cucharadas pasta tomate

  •         2 cucharadas consomé pollo

  •         1/2 taza encurtido picado sal y pimienta al gusto

  •         4 guineos cocinados Opcional: aguacate Remojar la víspera el maíz molido semejando granos de arroz. Cambiar agua a tener la última clara (8 tazas).



 



PREPARACIÓN:
Hervir con suficiente agua sin sal hasta que suavice. Cocinar las pechugas con olores y achiote al gusto a tener suficiente caldo (8 tazas). Sofreír en aceite las cebollas, ajos, chiles y apio. Al cristalizar añadir pasta tomate, mitad culantro, sal y pimienta al gusto y pechugas en trozos al gusto. Añadir caldo, encurtido y mezclar con el maíz suave. Hervir unos minutos para combinar los sabores y servir en tazoncitos rociando de culantro picado con el guineo majadeado y si se desea aguacate en trocitos.

RECOPILADO POR:

Auris Castillo. 
Belcy Salinas. 
Karolay Fajardo. 
Keren Cerna. 
Daniel Vallecillo.